Todo un soplo fresco de aire marino para los viajeros que salgan de las contaminadas ciudades interiors, Qingdao no forma parte de la China añeja. De hecho, algunas zonas de la ciudad se parecen a Baviera y su mezcla natural de arquitectura alemana y urbanismo moderno pone en evidencia a las típicas poblaciones chinas de azulejos blancos. El legado alemán sigue más o menos intacto y la ciudad se enorgullece de su extraordinario aspecto, los chinos la llaman la Suiza china.
Puede que las playas se promocionen demasiado, que el dialecto putonghua tenga un fuerte acento y que no viniera mal un sistema de metro, pero el destrartalado y empinado casco antiguo resulta fascinante y la ciudad portuaria será la sede de las competiciones de vela durante los Juegos Olímpicosde 2008, lo que ha provocadouna fuerte ola de inversiones en la próspera ciudad. Aquí se puede pasear por callejones empedrados y desordenados, explorar vestigios germanos de piedra, degustar la famosa cerveza local (Tsingtao) y saltarse la dieta: Qingdao posee algunos de los mejores kebabs y mariscos del norte de China.